No me niego a nada que conozca, pero si tuviera que elegir entre estar sentada en un rincón al lado suyo, o mirar el amanecer sola, prefiero la última, no es que quiera evitarlo, pero es que me gusta traficar mis propios sentimientos, para después venderlos como mercancía en algún lugar de esta rara ciudad.
Así pues quisiera pasarme todas mis tardes aguantando besos y abrazos, sólo como por no seguir comercializando sentimientos en vano. Como no tengo magia, ni dinero suficiente para que me regales una sonrisa, me toca sobornar de lunes a sábado a la luna, para que te mantenga con ese toque de niño bueno.
A ratos me siento como una mala traficante de cursilerías y esas maricadas románticas, pero bueno todo sea por el hecho de que aún necesito sobornar a la luna y de vez en cuando una que otra estrella de por ahí.
Así, algo así, es el intolerable de mi ajeno corazón.
Si Buena parte de mi vida fuera placer, yo creo que sería muy feliz a su lado, pero bueno no tengo la suficiente magia para tenerlo aquí y mantenerlo feliz.
Como si fuera poco y muy cruel mi falta de magia, les cuento algo que ustedes ya saben, pero sin embargo les reitero “Un beso o el hecho de tener sexo, no significa nada si no se hace con amor”, ténganla clara, bien clara.
A falta de tus besos, me juego la noche como si fuera una flor en un florero, así como para no complicarme la vida. No mantengo razones, ni excusas para verlo, sólo que se me hace agua el corazón si lo veo. A veces me pongo peor que un helado casero.
Así que sin más excusas y demoras le recuerdo que aún me faltan más tetas para decirle que aún extraño su estúpida y singular cara.
Gracias.